Luchar contra lo que no podemos vencer toma dimensiones titánicas e hiperbólicas cuando se trata de lejanía. Peor que el propio olvido incluso, ésta no atiende a razones, y no tiene paliativos ni medicina posibles.
Lo más nocivo de este laberinto es que cuanto más intentamos ignorar el largo trecho que nos separa, más referencias se nos hacen a éste.

